Levantarte de la cama y notar que el corazón se acelera de golpe. Quedarte de pie unos minutos en una cola y empezar a ver puntitos negros. Sudar sin haber hecho ningún esfuerzo, o notar las manos frías y algo moradas incluso en un día templado. Para muchas personas autistas, estos episodios no son anécdotas sueltas: son parte de cómo su cuerpo regula funciones que, en teoría, deberían pasar desapercibidas. Cada vez hay más investigación que apunta a que el sistema nervioso autónomo —el que controla el corazón, la tensión arterial, la temperatura o la sudoración sin que lo pensemos— puede funcionar de manera distinta en el autismo. Y dentro de ese terreno, un diagnóstico concreto empieza a aparecer con cierta frecuencia en consultas de cardiología y neurología: el síndrome de taquicardia postural ortostática, conocido como POTS.
Qué es el sistema nervioso autónomo y por qué importa aquí
El sistema nervioso autónomo es la parte del sistema nervioso que gestiona lo que no controlamos de forma voluntaria: la frecuencia cardíaca, la respiración, la digestión, la sudoración, el calibre de los vasos sanguíneos o la temperatura corporal. Tiene dos ramas que trabajan en equilibrio: la simpática, que activa al cuerpo («lucha o huida»), y la parasimpática, que lo calma y lo lleva a un estado de reposo y recuperación.
En una persona sin alteraciones autonómicas, pasar de estar tumbada a estar de pie provoca ajustes automáticos e invisibles: el corazón sube ligeramente el ritmo, los vasos sanguíneos de las piernas se contraen un poco para que la sangre no se acumule abajo, y la tensión se mantiene estable. Cuando ese ajuste no funciona bien, aparecen los síntomas: mareo, visión borrosa, taquicardia, fatiga intensa, sensación de «niebla mental» o incluso desmayos.
Qué dice la investigación: hiperactivación con más frecuencia de la esperada
En 2021, un equipo de las universidades de Nottingham y Southampton (Iti Arora, Alessio Bellato, Danielle Ropar, Chris Hollis y Madeleine Groom) publicó en Neuroscience and Biobehavioral Reviews una revisión sistemática que analizó 60 estudios sobre la función autonómica en reposo en personas autistas. De los 51 estudios que comparaban a personas autistas con personas no autistas, alrededor del 61 % encontró diferencias entre ambos grupos.
El patrón más repetido fue el de hiperactivación, especialmente en los indicadores relacionados con la actividad parasimpática —es decir, un sistema que tiene más dificultad para «frenar» y devolver al cuerpo a un estado de calma—. También aparecieron, aunque con menos frecuencia, patrones de hipoactivación y de desregulación general (oscilaciones poco predecibles entre un extremo y otro). Los propios autores señalan que el contexto del experimento —si la persona estaba en un entorno nuevo, ruidoso o con gente desconocida, por ejemplo— influía mucho en si se detectaban o no estas diferencias, lo que sugiere que el sistema autónomo autista puede ser especialmente sensible al entorno.
El síndrome de taquicardia postural ortostática (POTS): qué es exactamente
El POTS es un trastorno del sistema nervioso autónomo en el que, al ponerse de pie, la frecuencia cardíaca se dispara de forma desproporcionada (normalmente un aumento de 30 latidos por minuto o más en adultos, mantenido durante varios minutos) sin que la tensión arterial caiga de forma brusca, como ocurriría en un desmayo clásico. Se diagnostica habitualmente con una prueba llamada tilt-table test (mesa basculante), que mide cómo reacciona el cuerpo al pasar de estar tumbado a estar de pie de forma controlada.
Entre los síntomas más habituales del POTS están:
- Taquicardia y palpitaciones al incorporarse o permanecer de pie.
- Mareo, aturdimiento o sensación de desmayo inminente.
- Fatiga intensa y persistente, a veces confundida con cansancio general.
- Niebla mental: dificultad para concentrarse o pensar con claridad.
- Sudoración excesiva o, al contrario, dificultad para sudar.
- Cambios de color en manos y pies (tono azulado o amoratado) por mala circulación periférica.
- Intolerancia al calor y empeoramiento de los síntomas en entornos cálidos o tras las comidas.
Un caso clínico español que ilustra la conexión
En 2025, un equipo del Hospital Clínic de Barcelona (Amanda Cercos López, María Llobet Farré y Ana Blázquez Hinojosa) publicó en la Revista de Psiquiatría Infanto-Juvenil el caso de una adolescente con trastorno del espectro autista que, durante un ingreso hospitalario, presentó taquicardia, sudoración, cambios de color en las extremidades y una fatiga marcada. El equipo de cardiología inició tratamiento con bisoprolol y retiró la medicación antipsicótica que tomaba, y ante la persistencia de los síntomas la derivaron a una unidad de arritmias, donde una mesa basculante confirmó el POTS.
Los propios autores son prudentes: se trata de un único caso, y un caso aislado no permite establecer una relación de causa-efecto entre autismo y POTS. Pero sí señalan algo importante para la práctica clínica: «los pacientes con TEA presentan mayor prevalencia de disfunción del sistema nervioso autónomo», por lo que recomiendan tenerlo en cuenta a la hora de valorar síntomas físicos en personas autistas que, de otro modo, podrían atribuirse sin más a ansiedad.
Por qué estos síntomas pasan desapercibidos o se confunden con otra cosa
Hay varios motivos por los que la disfunción autonómica —y el POTS en particular— puede tardar años en detectarse en personas autistas:
- Se atribuye a ansiedad. La taquicardia, el mareo o la sudoración se parecen mucho a una crisis de ansiedad, y como la ansiedad es frecuente en el autismo, es fácil quedarse en ese diagnóstico sin explorar más.
- Dificultades de interocepción. Muchas personas autistas tienen más dificultad para percibir con precisión las señales internas de su propio cuerpo (hambre, dolor, ritmo cardíaco), por lo que pueden no darse cuenta de que algo va mal hasta que el síntoma es muy intenso, o describirlo de forma distinta a como lo haría otra persona.
- Comunicación del malestar. Explicar con palabras una sensación física difusa —«me siento rara», «como si flotase»— puede ser complicado, especialmente si además hay dificultades de comunicación verbal.
- Solapamiento con otras condiciones. El POTS aparece con frecuencia junto a la hipermovilidad articular y el síndrome de Ehlers-Danlos, ambos también más presentes en personas autistas, lo que puede dispersar la atención médica entre varios especialistas sin que nadie conecte todas las piezas.
Qué hacer si reconoces estos síntomas
Ni este artículo ni la investigación disponible hasta ahora permiten decir que toda persona autista con mareos tenga POTS, ni que el autismo «cause» disfunción autonómica en un sentido simple. Lo que sí es razonable es tomarse en serio estos síntomas si aparecen de forma repetida:
- Anotar cuándo ocurren los episodios (al levantarte, tras estar de pie un rato, con el calor, después de comer) ayuda mucho a la hora de describirlos en una consulta.
- Un médico de familia o un cardiólogo puede solicitar pruebas sencillas, como la toma de constantes tumbado y de pie, antes de pasar a una mesa basculante.
- Si hay sospecha de POTS, suele ser útil revisar también la hidratación, la ingesta de sal (bajo supervisión médica) y evitar cambios posturales muy bruscos.
- Vale la pena mencionar explícitamente el autismo al médico, por si influye en cómo se perciben o describen los síntomas, y preguntar si puede haber relación con la regulación del sistema nervioso autónomo.
Una pieza más del puzle, no una explicación completa
La disfunción autonómica no explica el autismo, ni el autismo explica por sí solo la disfunción autonómica: son dos realidades que, según la evidencia disponible, coexisten con más frecuencia de la que cabría esperar por azar. Entender esta conexión no sirve para diagnosticar a nadie por su cuenta, pero sí para algo muy concreto: que un mareo recurrente, una taquicardia al levantarse o una fatiga que no mejora con el descanso no se archiven automáticamente como «ansiedad» o «cansancio normal», sino que se investiguen con la misma seriedad con la que se investigaría en cualquier otra persona.