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🧑‍💼 Autismo en adultos

Energy Accounting: un método distinto a la teoría de las cucharas para gestionar la energía autista

Energy Accounting es un método desarrollado por Maja Toudal para registrar, presupuestar y ahorrar distintos tipos de energía y prevenir el burnout autista.

Mucha gente autista ha oído hablar de la «teoría de las cucharas» para explicar por qué un día aparentemente normal puede dejarte agotada. Es una metáfora útil, pero es solo eso: una metáfora. Existe otro enfoque, menos conocido en español, que va un paso más allá y propone un método concreto para gestionar la energía día a día: se llama Energy Accounting (contabilidad de la energía) y fue desarrollado específicamente pensando en el agotamiento o burnout autista.

Una metáfora frente a un método

La teoría de las cucharas la creó Christine Miserandino para explicar, a una amiga, cómo es vivir con una enfermedad crónica: cada tarea del día —ducharse, vestirse, trabajar— cuesta una o varias «cucharas» de una reserva limitada, y cuando se acaban, se acaban. Es una imagen potente, pero trata la energía como un bloque único e indiferenciado.

Energy Accounting fue desarrollado por Maja Toudal, psicóloga clínica autista, pensando específicamente en cómo funciona el agotamiento en personas autistas y con TDAH. No es solo una imagen para explicarle a otra persona cómo te sientes: es un sistema práctico para registrar, presupuestar y planificar la energía de forma parecida a como se lleva la contabilidad de una cuenta bancaria, con entradas y salidas.

No toda la energía es del mismo tipo

La diferencia más importante respecto a la teoría de las cucharas es que Energy Accounting distingue varios tipos de energía, porque una persona autista puede tener mucha energía física y, al mismo tiempo, estar completamente agotada a nivel social o cognitivo. Las categorías más habituales son tres:

  • Energía física: la que consumen el movimiento, el esfuerzo corporal y el cansancio muscular.
  • Energía social: la que exige interactuar, interpretar a otras personas, mantener una conversación o simplemente estar rodeada de gente.
  • Energía cognitiva: la que se gasta al concentrarse, tomar decisiones, planificar o procesar información nueva.

El método deja abierta la puerta a añadir otras categorías si a una persona le resultan útiles, como la energía sensorial (el coste de procesar luz, ruido o texturas) o la energía emocional. Lo importante no es ajustarse a una lista cerrada, sino identificar qué tipos de energía se agotan de forma distinta en cada caso.

Retiradas y depósitos: pensar en la energía como una cuenta

Igual que en una cuenta bancaria hay ingresos y gastos, en Energy Accounting cada actividad se entiende como una retirada (gasta energía de algún tipo) o un depósito (repone energía de algún tipo). Una reunión larga puede ser una retirada fuerte de energía social y cognitiva a la vez; una tarde viendo una serie conocida con la manta puesta puede ser un depósito de energía social (porque no exige interacción) aunque apenas reponga energía física.

Esto permite algo que la teoría de las cucharas, al tratar la energía como un bloque único, no refleja bien: se puede reponer un tipo de energía mientras se gasta otro. Limpiar la casa en silencio, por ejemplo, puede cansar físicamente y, al mismo tiempo, resultar reparador a nivel social si ese día lo que más falta hacía era no hablar con nadie.

La «deuda» de energía y el burnout autista

El concepto de deuda es central para entender por qué se llega al agotamiento. Cuando las retiradas superan de forma sostenida a los depósitos —por ejemplo, durante meses de mucha exigencia laboral, social o académica—, la persona empieza a funcionar con una especie de números rojos de energía. Puede mantenerse así durante bastante tiempo, a menudo echando mano del enmascaramiento para seguir rindiendo hacia fuera, pero ese déficit se acumula. El burnout autista se entiende, desde este marco, como el momento en que esa deuda se hace insostenible y el sistema deja de responder, incluso ante tareas que antes resultaban sencillas.

Cómo se aplica en el día a día

El método propone, a grandes rasgos, cinco pasos:

  • Identificar las categorías de energía propias (física, social, cognitiva y las que se quieran añadir).
  • Cuantificar el nivel de energía disponible en cada una, con la unidad que tenga sentido para cada persona: porcentajes, una escala de batería, o incluso los «frijoles» o «cucharas» de otras metáforas. No hay una unidad obligatoria.
  • Registrar a lo largo del día cómo varía esa energía, para aprender a reconocer patrones propios.
  • Presupuestar antes de aceptar compromisos, estimando cuánto va a costar cada actividad en cada tipo de energía.
  • Ahorrar, planificando para terminar el día con un margen de reserva —se suele recomendar entre un 20 % y un 40 % de la energía inicial, cuando es posible— en lugar de agotarlo todo cada vez.

En la práctica, esto se traduce en decisiones muy concretas: saber que un día con una cita médica por la mañana necesitará una tarde sin planes sociales, o que antes de un evento familiar largo conviene «ahorrar» energía social los días previos en lugar de llegar ya con la cuenta en números rojos.

Una herramienta, no una obligación más

Como cualquier sistema de este tipo, Energy Accounting puede resultar útil a unas personas y a otras no —o puede serlo en unas épocas de la vida y no en otras—, y llevarlo de forma rígida puede convertirse, paradójicamente, en una fuente de exigencia más. La idea de fondo que merece la pena quedarse, más allá del método exacto, es sencilla: la energía autista no es un recurso único que sube y baja por igual, sino varios recursos distintos que conviene aprender a distinguir, y planificar con eso en mente —en lugar de esperar al agotamiento para darse cuenta— es una forma de cuidado real, no un capricho ni una falta de esfuerzo.

Autismo

Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.