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Entrenamiento de Integración Auditiva en autismo: qué dice realmente la ciencia

El Entrenamiento de Integración Auditiva promete mejorar la hipersensibilidad al sonido en el autismo. Qué concluye la revisión Cochrane sobre su eficacia real.

Pocas terapias relacionadas con el autismo han generado tanto debate, durante tanto tiempo, como el Entrenamiento de Integración Auditiva (AIT, por sus siglas en inglés). Promete, desde hace más de treinta años, mejorar la hipersensibilidad al sonido, la atención y hasta el lenguaje mediante sesiones de escucha de música filtrada. Este portal ya ha hablado de la Terapia de Integración Sensorial de Jean Ayres; el AIT es algo distinto, con su propia historia, sus propios métodos y, sobre todo, su propia evidencia científica, que conviene conocer antes de considerarlo.

Qué es el Entrenamiento de Integración Auditiva

Bajo el nombre de «integración auditiva» conviven, en realidad, dos métodos distintos, desarrollados por dos personas distintas en Francia:

  • El método Bérard: desarrollado por Guy Bérard, consiste típicamente en 20 sesiones de media hora, dos al día separadas por al menos tres horas, durante diez días laborables consecutivos. La persona escucha, con auriculares, música filtrada y modulada: un dispositivo electrónico alterna aleatoriamente entre filtros de paso alto y de paso bajo, con cambios de entre un cuarto de segundo y dos segundos, y ajusta qué frecuencias se atenúan según la sensibilidad particular de cada persona.
  • El método Tomatis: desarrollado por el otorrinolaringólogo Alfred Tomatis, parte de la idea de que la voz contiene las frecuencias que el oído es capaz de escuchar, que un oído «mal calibrado» también calibra mal la propia voz, y que un entrenamiento auditivo específico podría, con el tiempo, modificar ambas cosas. Tomatis propuso además una conexión entre el sistema auditivo y el sistema vestibular (el del equilibrio).

La idea de fondo, en ambos casos, es que ciertas dificultades de atención, comprensión y comportamiento en el autismo podrían deberse, en parte, a distorsiones en cómo se procesa el sonido —incluida la hiperacusia, la sensibilidad excesiva a ciertos ruidos—, y que «reentrenar» al oído con estos estímulos filtrados podría mejorar esas dificultades indirectamente.

Una historia marcada por la polémica

El AIT llegó a Estados Unidos y se popularizó enormemente a partir de los años noventa, en parte gracias al libro autobiográfico El sonido de un milagro, de Annabel Stehli, que relataba la experiencia de su hija. Para 1994, se calcula que más de 10.000 niños y adultos ya habían recibido el entrenamiento en Estados Unidos, a un coste de entre 1.000 y 1.300 dólares por persona, convirtiéndose en una industria de varios millones de dólares.

La autoridad sanitaria estadounidense (FDA) llegó a prohibir la importación del dispositivo original, el Audiokinetron (también llamado «Ears Education and Retraining System»), por falta de evidencia de beneficio médico. Versiones posteriores, como CDs de «aeróbic auditivo digital», tampoco cuentan con aprobación de la FDA como dispositivo médico.

Qué dice la revisión Cochrane, la evidencia de mayor peso disponible

La revisión sistemática de referencia sobre este tema —publicada en la Biblioteca Cochrane, una de las fuentes de mayor rigor en medicina basada en la evidencia— analizó específicamente los ensayos controlados aleatorizados sobre AIT y otras terapias de sonido en el espectro autista. Sus conclusiones, aunque técnicas, son claras:

  • Se incluyeron seis ensayos controlados aleatorizados, con un total de 171 personas de entre 3 y 39 años. Cuatro de los seis ensayos tenían menos de 20 participantes cada uno.
  • No se encontró ningún ensayo controlado sobre otras terapias de sonido, como el método Tomatis o la terapia de sonido Samonas: la evidencia disponible se limita, en la práctica, al método Bérard.
  • El riesgo de sesgo era alto en todos los estudios: ninguno garantizaba de forma adecuada que la asignación a los grupos fuera realmente aleatoria y oculta.
  • Se usaron diecisiete medidas de resultado distintas entre los seis estudios, y solo dos de ellas se repitieron en tres o más estudios —lo que hace casi imposible comparar los resultados entre sí—.
  • No fue posible combinar los datos en un metaanálisis, por la alta heterogeneidad y la información incompleta en varios de los estudios.
  • Tres estudios no encontraron ningún beneficio del AIT frente a condiciones de control.
  • Otros tres estudios reportaron mejoras a los tres meses en una escala de conducta (el Aberrant Behavior Checklist), pero la propia revisión califica la validez de esa escala, para este propósito, como «cuestionable».
  • No se reportaron efectos adversos significativos del AIT en ninguno de los estudios.

La conclusión textual de los propios autores de la revisión es que «se necesita más investigación» antes de que padres, cuidadores y profesionales puedan tomar decisiones informadas sobre esta terapia, y que las mejoras sugeridas en algunos resultados necesitan confirmarse en ensayos mejor diseñados, con seguimiento a largo plazo.

Lo que opinan los organismos profesionales

Más allá de la revisión Cochrane, varias organizaciones profesionales de referencia en Estados Unidos se han posicionado sobre el AIT:

  • La Academia Americana de Pediatría, la Asociación Americana de Habla, Lenguaje y Audición (ASHA), la Academia Americana de Audiología y la Asociación de Audiología Educativa consideran el AIT un tratamiento experimental.
  • El Departamento de Salud del estado de Nueva York llegó a recomendar explícitamente no utilizar el AIT para tratar a niños pequeños con autismo.
  • La propia ASHA ha advertido a sus profesionales de que ofrecer AIT sin un beneficio demostrado podría suponer una violación de su código ético.

Por qué es distinto de la Integración Sensorial de Ayres

Es fácil confundir el AIT con la Terapia de Integración Sensorial desarrollada por Jean Ayres, que este portal ya trató en profundidad, porque ambas hablan de «integración» y de estímulos sensoriales. Sin embargo, son enfoques distintos: la terapia de Ayres trabaja con actividades de movimiento, equilibrio y tacto en un contexto lúdico y guiado por un terapeuta ocupacional, con un cuerpo de investigación más amplio (aunque también con limitaciones metodológicas importantes, como ya se explicó en su momento). El AIT, en cambio, se centra exclusivamente en la escucha pasiva de música filtrada a través de auriculares, y su evidencia es más escasa y de peor calidad metodológica, según la propia revisión Cochrane.

Qué conviene tener en cuenta antes de considerarlo

Para una familia o una persona autista adulta que se plantee este tipo de intervención, algunas ideas para evaluar la decisión con información realista:

  • No existe, a día de hoy, evidencia científica sólida de que el AIT mejore de forma fiable la hiperacusia, la atención, el lenguaje o el comportamiento en el autismo.
  • El coste económico suele ser considerable, y no está cubierto por los sistemas públicos de salud en España ni avalado por las guías clínicas de referencia.
  • No se han descrito efectos adversos graves en los ensayos disponibles, lo que lo diferencia de otras intervenciones no evidenciadas que sí implican riesgos físicos.
  • Antes de invertir tiempo y dinero en el AIT, puede tener más sentido priorizar intervenciones con un respaldo de evidencia más consistente, como las estrategias de regulación sensorial ya tratadas en este portal, o una valoración individualizada por parte de un profesional especializado en autismo.

El AIT es un buen ejemplo de cómo una idea con una lógica aparentemente razonable —si el oído «oye mal», entrenarlo debería ayudar— puede no sostenerse cuando se somete a ensayos controlados bien diseñados. Treinta años después de su popularización, la ciencia sigue sin poder confirmar los beneficios que prometía, y las principales instituciones profesionales siguen clasificándolo como experimental. Eso no significa que la experiencia subjetiva de quienes lo probaron y notaron cambios sea falsa, sino que, con la evidencia disponible hoy, no se puede garantizar que esos cambios se deban al propio entrenamiento y no a otros factores —incluida la mejora espontánea con el tiempo, tan frecuente en la infancia—.

Autismo

Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.