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🧑‍💼 Autismo en adultos

Mareo y cinetosis en el autismo: cuando el movimiento y el cuerpo no se entienden

Por qué muchas personas autistas se marean con facilidad en coche, barco o avión, qué tiene que ver el sistema vestibular, y qué estrategias pueden ayudar a sobrellevarlo.

Hay quien sube a un coche, a un barco o a un avión y, a los pocos minutos, empieza a notar un malestar que no tiene nada que ver con el estómago: la cabeza da vueltas, aparece un sudor frío, cuesta fijar la vista en algo estable. Es la cinetosis, popularmente conocida como «mareo por movimiento», y aunque le puede pasar a cualquiera, hay indicios consistentes de que las personas autistas la experimentan con más frecuencia o con más intensidad que la población general. No es casualidad: el sistema que regula el equilibrio y el movimiento —el sistema vestibular— es, precisamente, uno de los sistemas sensoriales que con más frecuencia funciona de forma distinta en el autismo.

Qué es la cinetosis y por qué el autismo puede influir

La cinetosis aparece cuando el cerebro recibe información contradictoria sobre el movimiento del cuerpo: los ojos ven un entorno que parece relativamente estable (el interior de un coche, por ejemplo), mientras que el oído interno —a través del sistema vestibular— detecta aceleraciones, frenadas y curvas. Esa discrepancia entre lo que se ve y lo que se siente es la que, según la explicación más aceptada, dispara la sensación de mareo, náuseas y malestar general.

En la población general, la cinetosis es muy común en la infancia —los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos la señalan como especialmente frecuente entre los 2 y los 12 años— y tiende a reducirse con la edad. Lo distinto, en el caso de muchas personas autistas, es que esa dificultad para integrar correctamente la información del movimiento puede mantenerse en la edad adulta, o presentarse con más intensidad, porque el propio sistema vestibular puede procesar las señales de forma distinta.

El sistema vestibular: la pieza que muchas veces funciona de otra manera

Una revisión de la literatura científica publicada en 2021 en la revista Frontiers in Integrative Neuroscience, firmada por Yusra Mansour, Alyson Burchell y Randy J. Kulesza, concluye que la mayoría de las personas con autismo presentan algún grado de disfunción auditiva y vestibular. Los autores describen, entre otras manifestaciones, inestabilidad postural, alteraciones en la forma de caminar y dificultades para coordinar los movimientos del ojo con los de la cabeza —una función que depende directamente del sistema vestibular—. También señalan que, cuando esta disfunción no se identifica en la infancia, puede retrasar hitos motores como sentarse o caminar, y seguir afectando a la coordinación más adelante en la vida.

Esto no significa que toda persona autista vaya a marearse con facilidad, ni que todo mareo en movimiento tenga una causa vestibular relacionada con el autismo: la cinetosis es, en general, muy común y tiene muchas causas compartidas con la población no autista. Pero sí ayuda a entender por qué, para una parte significativa de las personas autistas, los viajes en coche, barco o avión son mucho más que una simple incomodidad pasajera.

No es solo el equilibrio: cuando varios sentidos se amontonan a la vez

El sistema vestibular rara vez actúa solo. Durante un trayecto en coche o en avión suelen converger, al mismo tiempo, varios estímulos que pueden sumar malestar en una persona con sensibilidades sensoriales:

  • El movimiento visual del paisaje pasando rápido por la ventanilla, que puede resultar desorientador si hay hipersensibilidad visual.
  • Los olores del interior del vehículo, de ambientadores o de comida, especialmente intensos para quien tiene hiperosmia (sensibilidad olfativa aumentada).
  • El ruido del motor, del tráfico o de otros pasajeros, sumado a vibraciones del propio vehículo.
  • La sensación de espacio reducido, si el asiento o el vehículo resultan agobiantes.
  • La ansiedad anticipatoria ante un viaje, que puede amplificar cualquier malestar físico incipiente.

Cuando varios de estos factores se combinan con una vestíbula que ya procesa el movimiento de forma distinta, el resultado puede ser un malestar mucho más intenso que el de alguien sin esas sensibilidades añadidas, aunque viajen en el mismo vehículo y en las mismas condiciones.

Cómo reconocerlo, en adultos y en niños

En niños pequeños, la cinetosis suele manifestarse de forma bastante directa: palidez, sudor frío, bostezos frecuentes, quejas de dolor de cabeza o de estómago, y en los casos más intensos, vómitos. En adultos autistas, especialmente en quienes han aprendido a enmascarar el malestar físico delante de otras personas, las señales pueden ser más sutiles: fatiga repentina tras un trayecto, dificultad para concentrarse al llegar al destino, irritabilidad que en realidad responde a un malestar físico no verbalizado, o la necesidad de tumbarse y quedarse a oscuras un rato después de viajar.

Reconocer el patrón —que el malestar aparece sistemáticamente con determinados tipos de movimiento, y no con otros— es el primer paso para poder anticiparlo y gestionarlo, en lugar de vivirlo como un malestar aleatorio e inexplicable cada vez.

Estrategias que pueden ayudar

No hay una solución única, pero sí una serie de ajustes que suelen reducir la intensidad del malestar en muchas personas, autistas o no:

  • Elegir el asiento con cuidado: en coche, el asiento delantero suele ayudar; en avión, un asiento sobre el ala reduce la sensación de movimiento; en barco, el centro de la embarcación es más estable que la proa o la popa.
  • Mirar hacia un punto fijo y lejano (el horizonte, la carretera por delante), en lugar de un libro, el móvil o las ventanillas laterales, para reducir el conflicto entre lo que ven los ojos y lo que siente el oído interno.
  • Reducir los olores intensos dentro del vehículo: evitar ambientadores fuertes, comida de olor penetrante o perfumes antes del trayecto.
  • Cuidar la alimentación previa: comer algo ligero un par de horas antes de salir, y evitar comidas copiosas o muy grasas justo antes de viajar.
  • Preparar el entorno sensorial: auriculares con cancelación de ruido, gafas de sol si hay sensibilidad a la luz, y ropa cómoda que no añada otra capa de molestia táctil.
  • Planificar paradas en trayectos largos, para poder salir del vehículo, estabilizarse de pie y recuperar la referencia visual del suelo fijo.

Existen también medicamentos de venta libre o con receta para la cinetosis, pero su idoneidad depende de la edad, de otras condiciones de salud y de posibles interacciones, así que cualquier decisión sobre medicación conviene consultarla con un profesional sanitario antes de probarla, especialmente en niños.

Cuándo tiene sentido buscar ayuda profesional

Si el mareo por movimiento es muy frecuente, intenso o limita de forma importante la vida diaria —evitar viajes necesarios, por ejemplo—, puede merecer la pena una valoración por parte de un otorrinolaringólogo o de un profesional especializado en terapia vestibular, que puede evaluar si hay una disfunción vestibular de base y proponer ejercicios específicos de habituación. No es un malestar que haya que normalizar sin más solo porque sea «propio» del autismo: entender su origen abre la puerta a estrategias mucho más eficaces que simplemente aguantar el viaje.

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Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.