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🧑‍💼 Autismo en adultos

El hiperfoco en el autismo: la otra cara de la atención

Qué es el hiperfoco, en qué se diferencia del estado de flow y por qué la ciencia empieza a tratarlo como una fortaleza atencional del autismo, con su propia cara menos visible.

Cuando se habla de autismo y atención, casi siempre se piensa en lo mismo: dificultad para concentrarse, dispersión, dificultad para empezar o terminar una tarea. Pero hay otra cara de la atención autista que rara vez aparece en los folletos informativos y que, sin embargo, muchas personas autistas reconocen enseguida: la capacidad de sumergirse en una tarea, un tema o un interés durante horas, casi ajenas a todo lo demás. A ese estado se le llama hiperfoco, y en los últimos años la investigación ha empezado a tratarlo como un rasgo cognitivo propio, no como una curiosidad anecdótica.

¿Qué es exactamente el hiperfoco?

El hiperfoco describe un estado de concentración intensa y sostenida en una actividad concreta, acompañado de una reducción notable de la conciencia de lo que ocurre alrededor: el hambre, el cansancio, el paso del tiempo o incluso una conversación que alguien intenta iniciar pueden pasar completamente desapercibidos. No es simplemente «estar muy concentrado»: quienes lo describen hablan de una sensación de desconexión del entorno, de que el mundo exterior se difumina mientras la tarea en curso ocupa todo el espacio mental disponible.

Durante mucho tiempo, la literatura científica lo describió casi exclusivamente en términos negativos. Ya en 1971, Ivar Lovaas y su equipo lo denominaron «stimulus overselectivity» (sobreselectividad de estímulos), calificándolo de «excesivo y desadaptativo». Esa visión —el hiperfoco como un fallo de la atención, no como una fortaleza— ha marcado durante décadas cómo se habla de la concentración autista, tanto en consulta como en el lenguaje cotidiano («está obsesionado», «no hay quien lo saque de ahí»).

Hiperfoco y flow: ¿son lo mismo?

Una de las discusiones más interesantes en la investigación reciente es si el hiperfoco es, en el fondo, el mismo fenómeno que el estado de flow (fluidez) descrito por la psicología del rendimiento, solo que más intenso y menos frecuente. En 2021, los investigadores Ashinoff y Abu-Akel propusieron justamente esto: que hiperfoco y flow comparten cuatro rasgos centrales —alta implicación en la tarea, atención elevada, menor conciencia del entorno y mejor rendimiento en esa tarea concreta—. Según esta lectura, el hiperfoco no sería un fenómeno exclusivamente autista ni patológico, sino un punto más intenso dentro de un mismo continuo que todo el mundo puede experimentar en menor grado. Otros autores, como Hupfeld y su equipo en 2019, matizan que el flow puede ir desde estados superficiales hasta el hiperfoco propiamente dicho, entendido como un estado profundo y mucho menos habitual.

Lo que dice la investigación más reciente

El estudio más sólido disponible hasta la fecha sobre este tema es el de Marie-Pier Dupuis y su equipo, publicado en 2022 en la revista Frontiers in Psychiatry. El equipo trabajó con una muestra comunitaria muy amplia: 5.744 niños y jóvenes reclutados a través de un museo de ciencias en Ontario (Canadá), de los cuales 131 tenían diagnóstico de autismo y 346 de TDAH (con 45 de ellos presentando ambos diagnósticos), además de un grupo de comparación de 4.726 participantes sin ninguno de los dos diagnósticos. Los resultados se validaron después con una segunda muestra independiente de 16.675 personas.

Los hallazgos son reveladores. Por un lado, no se encontraron diferencias entre el grupo autista y el grupo con TDAH en las puntuaciones de debilidades atencionales (es decir, ambos grupos mostraban niveles similares de dificultades clásicas de atención). Por otro lado, los niños y jóvenes autistas mostraron muchas más fortalezas atencionales que los del grupo con TDAH (con una probabilidad más de cinco veces mayor de puntuar alto en estas fortalezas). En concreto, cuatro capacidades resultaron significativamente más frecuentes en el grupo autista: mantener la atención en una tarea o un juego durante mucho tiempo, realizar tareas que exigen esfuerzo mental sostenido, recordar con precisión actividades cotidianas y prestar atención al detalle.

Un dato importante para no caer en el extremo contrario: estas fortalezas atencionales, por sí solas, no se asociaron con mayor deterioro funcional ni con peor flexibilidad cognitiva una vez se tenían en cuenta las dificultades de cada persona. Es decir, tener una gran capacidad de concentración sostenida no es, en sí misma, un problema.

La cara B: cuando el hiperfoco se acerca al perfeccionismo rígido

El mismo estudio de Dupuis encontró algo que merece matizarse con honestidad: en el grupo autista (y solo en ese grupo, no en el de comparación), las fortalezas atencionales predijeron puntuaciones más altas en una escala de perseveración y perfeccionismo. Dicho de otro modo, la misma capacidad que permite sumergirse horas en un interés propio puede, en algunas personas, convertirse en una rigidez difícil de soltar: la tarea tiene que terminarse exactamente así, el proyecto no puede dejarse a medias, el detalle «incorrecto» genera un malestar desproporcionado.

Esta cara menos luminosa explica por qué el hiperfoco, visto desde fuera, a veces se confunde con obstinación o con dificultad para cambiar de actividad. No se trata de «no querer» parar: cuando el estado de hiperfoco está activo, salir de él puede requerir un esfuerzo real, parecido al que supone despertarse de golpe en mitad de un sueño profundo.

Hiperfoco en la vida adulta: trabajo, intereses e información

En la vida adulta autista, el hiperfoco suele aparecer en contextos muy concretos: un interés especial (una colección, un tema de estudio, un videojuego, un idioma), una tarea creativa o técnica que exige atención al detalle, o la investigación exhaustiva de un asunto antes de tomar una decisión. Es también, muchas veces, la base de ese fenómeno tan conocido en comunidades autistas como el info-dumping: la necesidad de compartir todo lo aprendido sobre un tema que ha capturado la atención durante horas o días.

Profesionalmente, bien canalizado, el hiperfoco puede traducirse en un rendimiento notable en tareas que requieren precisión y constancia. El problema no suele ser la capacidad en sí, sino el entorno: oficinas con interrupciones constantes, reuniones que cortan el hilo de concentración justo cuando empieza a ser productivo, o la presión de cumplir horarios rígidos que no encajan con un proceso de atención que funciona mejor en bloques largos e ininterrumpidos.

Cómo aprovecharlo sin que te pase por encima

El hiperfoco no se «cura» ni hace falta que se cure: es una forma de atención, no un defecto que corregir. Lo que sí puede entrenarse es la relación con él, para disfrutar de sus ventajas sin que se lleve por delante necesidades básicas como comer, descansar o mantener compromisos importantes. Algunas estrategias que suelen ayudar:

  • Alarmas externas, no solo mentales: poner temporizadores o alarmas para recordar comer, beber agua o levantarse, porque durante el hiperfoco la propia sensación de hambre o cansancio puede no registrarse.
  • Bloques de tiempo protegidos: si el trabajo o los estudios lo permiten, reservar franjas largas sin interrupciones para las tareas que más se benefician de una concentración profunda.
  • Transiciones avisadas: pedir a quienes conviven o trabajan con la persona que avisen con antelación antes de interrumpir («en diez minutos necesito que paremos»), en lugar de cortar de golpe.
  • Un «aparcadero» de ideas: tener a mano una libreta o una nota donde apuntar pensamientos que surgen durante el hiperfoco pero que no son la tarea en curso, para no perderlos sin tener que abandonar lo que se está haciendo.
  • Revisar el perfeccionismo asociado: cuando el hiperfoco se acompaña de la sensación de que «nada es suficiente», puede ayudar fijar de antemano un criterio claro de cuándo una tarea está terminada.

El hiperfoco es, en el fondo, un buen ejemplo de por qué el autismo no se explica bien solo con el lenguaje del déficit. La misma mente que a veces tiene dificultades para sostener la atención en lo que no le interesa puede sumergirse, con un nivel de profundidad poco habitual, en lo que sí le interesa. Reconocerlo como una fortaleza real —con su propia cara B que merece atención— es un paso necesario para dejar de verlo como un capricho y empezar a diseñar entornos, horarios y expectativas que lo tengan en cuenta.

Autismo

Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.