Cuando se habla de las primeras señales de autismo, casi siempre se piensa en el contacto visual, la respuesta al nombre o el juego compartido. Son, con razón, los signos en los que más se ha investigado y los que manejan los pediatras en las revisiones del niño sano. Pero desde hace más de una década, un grupo de investigadores ha estado mirando algo mucho menos comentado: cómo se mueven los bebés que, meses o años después, recibirán un diagnóstico de autismo.
Los hallazgos no sirven para diagnosticar a nadie por sí solos, y los propios autores de estos estudios insisten en ese matiz en casi todas las publicaciones. Pero sí apuntan a algo interesante: en muchos casos, las diferencias motoras parecen aparecer antes que las sociales y comunicativas más conocidas, lo que ha abierto la puerta a pensar en la motricidad como una pieza más del rompecabezas de la detección temprana.
Movimientos generales: la primera pista, antes incluso de los 5 meses
En neonatología existe desde hace décadas una herramienta llamada evaluación de los movimientos generales (General Movements), diseñada originalmente para detectar riesgo de parálisis cerebral. Consiste en grabar al bebé mientras está despierto y tranquilo y analizar la calidad de sus movimientos espontáneos: primero los llamados movimientos de «contorsión» (hasta las 6-9 semanas) y después los movimientos «fidgety» o de pequeña amplitud (entre las 9 y las 20 semanas aproximadamente).
Algunos equipos han aplicado esta misma herramienta a bebés que después recibieron un diagnóstico de autismo. Einspieler y colaboradores encontraron movimientos generales anómalos en 17 de 25 bebés autistas (un 68%) durante los primeros cinco meses de vida. Phagava y su equipo, analizando vídeos domésticos de 20 bebés diagnosticados más tarde, describieron una variedad de movimientos más pobre y movimientos «fidgety» anómalos o ausentes. Son muestras pequeñas, pero coherentes entre sí.
El «head lag»: una señal que se busca hacia los 6 meses
Otra línea de investigación se ha centrado en un gesto muy concreto: lo que ocurre cuando se tira suavemente de las manos de un bebé tumbado boca arriba para sentarlo. En el desarrollo típico, hacia los 4-6 meses, la cabeza acompaña el movimiento del tronco. Cuando la cabeza se queda atrás, cayendo hacia atrás en lugar de seguir al cuerpo, se habla de head lag o retraso cefálico.
Flanagan, Landa, Bhat y Bauman publicaron en 2012 un estudio que siguió a 40 bebés con alto riesgo de autismo (hermanos menores de niños ya diagnosticados) desde los 6 hasta los 36 meses. El retraso cefálico a los 6 meses se asoció de forma estadísticamente significativa con el diagnóstico de autismo a los 36 meses. En una segunda comparación independiente, de 20 bebés de alto riesgo frente a 21 de bajo riesgo, el head lag también fue más frecuente en el grupo de alto riesgo. Los propios autores calificaron su trabajo de «preliminar» y plantearon el head lag, junto con otras alteraciones del desarrollo, como algo que «podría asociarse» con el riesgo de autismo, no como una prueba diagnóstica.
Hipotonía: cuando el tono muscular es más bajo de lo esperado
La hipotonía, es decir, un tono muscular más bajo de lo habitual (el bebé se siente «flojo» al cogerlo, se apoya más en el adulto, le cuesta mantener posturas), es probablemente la señal motora más citada en la literatura sobre autismo. Serdarevic y su equipo, en un estudio poblacional con 2.905 niños (no solo hermanos de alto riesgo, sino una muestra general), encontraron que el tono muscular bajo entre los 2 y los 5 meses predecía la presencia de más rasgos autistas más adelante.
En un trabajo distinto con niños ya diagnosticados y algo mayores (154 niños, edad media de 6 años), Ming y colaboradores encontraron hipotonía en el 51% de los casos, apraxia en el 34%, marcha de puntillas en el 19% y retraso motor grueso en el 9%. Los propios autores advierten de que estas cifras probablemente subestiman la frecuencia real en la primera infancia, porque muchos de estos signos motores tienden a atenuarse con la edad y el estudio se hizo de forma retrospectiva en niños ya mayores.
Sentarse, ponerse de pie, caminar: hitos motores con pequeños retrasos
Varios estudios han comparado la edad a la que los bebés autistas alcanzan los hitos motores clásicos frente a sus pares con desarrollo típico. Arabameri y Sotoodeh registraron edades medias más tardías para sentarse sin apoyo (7,64 meses), ponerse de pie sin apoyo (13,22 meses) y caminar solo (18,31 meses). Reindal y su equipo, con una muestra mayor de 490 niños, encontraron una diferencia más modesta: 14,7 meses de media para caminar de forma independiente en el grupo autista frente a 13,8 meses en el grupo sin autismo.
Un dato llamativo viene de Licari y colaboradores, que siguieron a 96 bebés de entre 9 y 14 meses: al inicio del estudio, el 65,6% mostraba dificultades de motricidad gruesa y el 30,2% de motricidad fina. Seis meses después, las dificultades de motricidad gruesa habían bajado al 36,5%, pero las de motricidad fina habían subido al 69%. Es decir, en esta muestra la motricidad fina no solo no mejoró con el tiempo, sino que la brecha pareció ampliarse, algo que coincide con lo que encontraron Choi y su equipo, que describieron un crecimiento más lento de las habilidades de motricidad fina entre los 6 y los 24 meses en bebés de alto riesgo diagnosticados después.
Manipular objetos: otra ventana a la motricidad fina
Iverson y colaboradores observaron que, a los 6 meses, era precisamente la motricidad fina (y no la gruesa) la que distinguía a los bebés de alto riesgo de los de bajo riesgo. Sparaci y su equipo, por su parte, describieron dificultades en acciones intencionadas muy concretas, como usar una cuchara correctamente, en bebés diagnosticados más adelante. Son señales sutiles, del tipo que una familia puede notar sin saber muy bien cómo nombrarlas: «le cuesta más agarrar las cosas pequeñas» o «no coge bien la cuchara todavía».
Qué significa (y qué no significa) todo esto para una familia
Ninguno de estos hallazgos convierte la motricidad en una prueba diagnóstica de autismo. Son asociaciones encontradas en estudios de investigación, muchos de ellos con muestras pequeñas y centrados en hermanos menores de niños ya diagnosticados (un grupo con más probabilidad estadística de ser también autistas, lo que facilita el estudio pero no representa a toda la población). Además, la hipotonía, el retraso en los hitos motores o las dificultades de motricidad fina pueden aparecer por muchas otras razones: prematuridad, otras condiciones del neurodesarrollo, o simplemente formar parte de la variación normal.
Lo que sí parece bastante consistente entre estudios es que las diferencias motoras pueden estar presentes antes de que resulten evidentes las señales sociales y comunicativas en las que se basa habitualmente la detección. Por eso algunos investigadores proponen incluir una valoración motora sencilla en los controles de desarrollo de los primeros meses, no como atajo diagnóstico, sino como una señal más que, combinada con otras, pueda adelantar una derivación a atención temprana.
- Si un bebé parece notablemente «flojo» al coger en brazos más allá de los primeros meses, vale la pena comentarlo en la revisión del niño sano, sin necesidad de sacar conclusiones por adelantado.
- Un head lag claro hacia los 6 meses, o un retraso visible en sentarse, ponerse de pie o caminar respecto a los hitos habituales, son motivo razonable de consulta con el pediatra, que podrá valorar si hace falta un seguimiento más de cerca.
- La fisioterapia y la atención temprana ayudan con las dificultades motoras en sí mismas, independientemente de si acaban relacionándose con un diagnóstico de autismo o no, así que una derivación precoz nunca está de más.
Las diferencias motoras en el autismo tampoco desaparecen necesariamente con la edad: en muchas personas autistas adultas persisten en forma de dificultades de coordinación o de praxis, aunque se manifiesten de forma distinta a como lo hacían en la infancia. Mirar la motricidad desde los primeros meses no es, por tanto, un dato anecdótico, sino una pieza más de un desarrollo que conviene observar en su conjunto.