2

🍽️ Alimentación

Neofobia alimentaria en autismo: qué es el miedo a los alimentos nuevos (y qué dice realmente la ciencia)

La neofobia alimentaria no es lo mismo que la selectividad alimentaria general. La evidencia científica sobre el miedo específico a los alimentos nuevos en autismo es más desigual de lo que se suele pensar.

«Selectividad alimentaria» es, con diferencia, el término que más se repite cuando se habla de autismo y comida. Pero dentro de ese término general se agrupan fenómenos que no son exactamente lo mismo: rechazar alimentos por su textura, insistir siempre en la misma marca, necesitar que la comida no se mezcle en el plato… y también la neofobia alimentaria, es decir, el miedo o el rechazo específico hacia los alimentos nuevos o desconocidos, simplemente por el hecho de no haberlos probado antes. Son conceptos relacionados, pero no idénticos, y curiosamente la evidencia científica sobre la neofobia en concreto es menos contundente y más matizada de lo que suele asumirse.

Qué es exactamente la neofobia alimentaria

Una revisión sistemática noruega publicada en 2024 en la revista Tidsskriftet, que analizó 20 estudios sobre selectividad alimentaria en niños y adolescentes con autismo, define la selectividad alimentaria como un paraguas que incluye «rechazar la ingesta de alimentos, miedo a los alimentos nuevos (neofobia), una fuerte preferencia por ciertos tipos de alimentos y/o un repertorio alimentario muy restringido». La propia revisión señala algo importante: la selectividad alimentaria no es un diagnóstico formal, y la literatura científica la define de formas ligeramente distintas según el estudio, porque cada uno la mide con herramientas diferentes.

Dicho de otro modo: la neofobia es uno de los componentes de la selectividad alimentaria, no un sinónimo. Mientras que la selectividad general puede incluir el rechazo de alimentos que la persona ya conoce bien (por su textura, por cómo se presentan, por la marca), la neofobia se refiere específicamente al rechazo de lo desconocido, antes incluso de haberlo probado.

Lo que dicen los estudios grandes sobre selectividad en general

Donde la evidencia es más sólida es en la selectividad alimentaria entendida de forma amplia. La misma revisión noruega recoge que, en siete estudios que compararon a niños con autismo con grupos de control, la selectividad alimentaria apareció en un 42% a 76% de los niños autistas, frente a un 5% a 33% en los niños sin autismo. Un estudio especialmente amplio, el de Mayes y Zickgraf, con 1.462 niños autistas, encontró selectividad alimentaria en el 70% de ellos frente al 5% del grupo de comparación, con un 88% mostrando preferencias alimentarias restringidas, un 47% con sensibilidad a la textura, un 31% que solo aceptaba una marca concreta de un alimento y un 20% que llegaba a esconder la comida. Otro estudio, el de Hubbard y colaboradores, encontró que el rechazo relacionado con la textura aparecía en el 77% de los niños autistas frente al 36% de los controles, y que mezclar alimentos en el plato molestaba a un 45% frente a un 26%.

Y lo que dicen específicamente sobre la neofobia: una imagen menos clara

Aquí es donde conviene frenar la generalización automática. Una revisión sistemática de 2023 publicada en Nutrition Reviews por Rodrigues y un equipo de la Universidad Estatal Paulista (UNESP) de Brasil, centrada específicamente en comparar selectividad alimentaria y neofobia entre niños con autismo y niños con desarrollo típico, encontró algo que no suele destacarse: de los cuatro estudios que midieron la neofobia mediante escalas específicas, solo dos encontraron niveles más altos de neofobia en el grupo autista. Es decir, en la mitad de los estudios que evaluaron la neofobia como constructo propio, el grupo autista no mostró más miedo a los alimentos nuevos que el grupo de comparación.

Esto no significa que la neofobia no exista en el autismo, ni que no sea relevante para muchas familias: un estudio de Kuschner y su equipo, con 65 personas autistas y 59 personas con desarrollo típico de entre 12 y 28 años, sí encontró que el grupo autista presentaba neofobia y selectividad alimentaria con más frecuencia que el grupo de control (aunque sin ofrecer un porcentaje exacto para la neofobia por separado). Lo que sí sugiere la revisión de 2023 es que la neofobia, aislada del resto de la selectividad alimentaria, es un fenómeno con una evidencia más desigual entre estudios de lo que la conversación habitual sobre «los niños autistas y la comida nueva» suele dar a entender.

La propia revisión concluye, de forma más cautelosa que categórica, que «los niños con TEA son más selectivos que los niños con desarrollo típico», y apunta que la sensibilidad sensorial oral y táctil (cómo se percibe la textura y el sabor en la boca) parece ser la característica sensorial más relacionada con estas dificultades alimentarias, más que el simple hecho de que un alimento sea nuevo o desconocido.

Por qué esta distinción importa en la práctica

Separar la neofobia del resto de la selectividad alimentaria tiene consecuencias prácticas reales:

  • No todo rechazo a un alimento nuevo es «solo» neofobia. Si un niño o una persona adulta autista rechaza también alimentos que ya conoce bien, el problema no está únicamente en la novedad del alimento, sino probablemente en su textura, su sabor, su temperatura o su presentación. Las estrategias para abordarlo serán distintas.
  • La sensibilidad sensorial oral parece pesar más que la simple novedad. Según la evidencia disponible, trabajar la tolerancia sensorial a texturas y sabores concretos (de forma gradual y sin forzar) puede ser más útil que centrarse exclusivamente en «introducir alimentos nuevos» como objetivo en sí mismo.
  • No todas las personas autistas con selectividad alimentaria tienen, además, neofobia marcada. La evidencia mixta sobre la neofobia específica sugiere que no conviene asumir automáticamente que el miedo a lo nuevo es el mecanismo detrás de cada caso de restricción alimentaria.

Una conclusión honesta, no una conclusión cómoda

La ciencia sobre alimentación y autismo tiende a presentarse, fuera del ámbito académico, como más uniforme de lo que realmente es. La selectividad alimentaria en sentido amplio está bien documentada y es claramente más frecuente en población autista. La neofobia alimentaria específica, en cambio, tiene un respaldo más desigual: aparece con fuerza en algunos estudios y no se confirma en otros. Reconocer esa diferencia no resta importancia al tema; al contrario, ayuda a dirigir la atención hacia lo que la evidencia señala con más consistencia —la sensibilidad a la textura y al sabor— en lugar de simplificarlo todo bajo la etiqueta de «miedo a probar cosas nuevas».

Autismo

Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.