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🍽️ Alimentación

Trastorno por atracón y bulimia en autismo: el lado del espectro alimentario que menos se ha estudiado

La investigación sobre autismo y alimentación se ha centrado casi siempre en la anorexia. Una revisión reciente señala que el trastorno por atracón y la bulimia también aparecen con más frecuencia en personas autistas, y que siguen muy infrarreconocidos.

Cuando se habla de autismo y trastornos de la alimentación, casi toda la atención —tanto de la investigación científica como de los medios— se la ha llevado la anorexia. Hay buenas razones históricas para ello: algunos de los estudios más influyentes sobre autismo y conducta alimentaria se han hecho precisamente con mujeres con anorexia nerviosa. Pero esa misma concentración de esfuerzos ha dejado en una sombra considerable a otras dos realidades clínicas igual de reales: el trastorno por atracón y la bulimia nerviosa, dos formas de trastorno alimentario que no tienen que ver con restringir la comida, sino con episodios de ingesta descontrolada, a veces seguidos de conductas compensatorias.

Una distinción importante: no es lo mismo restringir que atracarse

Este portal ya ha hablado de la selectividad alimentaria y de los trastornos alimentarios de tipo restrictivo en autismo, como el ARFID y la anorexia, y también de la alimentación emocional como forma general de usar la comida para regular la ansiedad. El trastorno por atracón y la bulimia son clínicamente distintos de ambos: en lugar de evitar comer o limitar drásticamente los alimentos, la persona experimenta episodios recurrentes de ingesta de grandes cantidades de comida en poco tiempo, con una sensación de pérdida de control sobre lo que está comiendo. En la bulimia, además, estos episodios suelen ir seguidos de conductas para «compensar» lo comido (vómitos autoinducidos, laxantes, ejercicio excesivo, ayuno). En el trastorno por atracón no hay esa fase de compensación, pero sí un malestar significativo asociado a los episodios.

Lo que dice una revisión reciente de la investigación

Una revisión de alcance (scoping review) publicada en 2025 en la revista European Eating Disorders Review por Lauren Makin, Elisa Zesch, Adia Meyer, Valeria Mondelli y Kate Tchanturia —esta última, una de las investigadoras de referencia en la relación entre autismo y trastornos alimentarios— se propuso precisamente mapear todo lo que se sabe sobre autismo y TDAH en personas adultas con bulimia nerviosa y trastorno por atracón. Tras buscar en seis bases de datos científicas, el equipo incluyó 29 estudios, con un total de 25.416 participantes, de los cuales el 69,3% eran mujeres.

De esos 29 estudios, 13 analizaban específicamente la prevalencia del autismo y el TDAH en estas dos condiciones, y coincidían en algo relevante: tanto el autismo como el TDAH aparecen con más frecuencia en personas con bulimia o trastorno por atracón que en la población general sin trastorno alimentario. Los propios autores describen esta coexistencia como algo «frecuente» pero todavía muy poco explorado, sobre todo en comparación con la cantidad de investigación dedicada a la anorexia.

Por qué ha quedado en un segundo plano

Hay varias razones probables para esta diferencia de atención investigadora. La anorexia, al implicar una restricción visible y a menudo una pérdida de peso marcada, suele llamar antes la atención médica y familiar, lo que ha facilitado que se estudie más. El trastorno por atracón y la bulimia, en cambio, pueden pasar mucho más tiempo ocultos: quien los padece no siempre pierde peso de forma notoria, y los episodios de atracón suelen vivirse con vergüenza y ocultarse incluso de las personas más cercanas. Si a esto se le suma el enmascaramiento que muchas personas autistas —sobre todo mujeres— ya practican en otros ámbitos de su vida, es fácil entender por qué estos cuadros pueden tardar años en detectarse o entenderse correctamente.

Posibles conexiones entre autismo y atracón

La revisión de Makin y su equipo no se limita a contar casos: también recoge algunas hipótesis sobre por qué estas dos realidades podrían relacionarse. Entre las ideas que aparecen en la literatura sobre el tema:

  • Las dificultades de regulación emocional, frecuentes en el autismo, podrían hacer que la comida se use como una forma de calmar un malestar interno difícil de identificar de otro modo (lo que conecta con la alexitimia y la interocepción alterada, de las que ya hemos hablado en otros artículos).
  • Las rutinas alimentarias rígidas, cuando se rompen por cualquier motivo (un cambio de horario, un viaje, una época de estrés), podrían derivar más fácilmente en episodios de pérdida de control sobre la comida.
  • El hiperfoco y los intereses intensos, en algunos casos, podrían aplicarse también a la comida de forma que favorezca patrones de ingesta menos regulados.
  • La sobrecarga sensorial y social diaria puede generar una necesidad de alivio inmediato que, para algunas personas, se traduce en comer de forma compulsiva.

Es importante subrayar que estas son hipótesis exploratorias recogidas por los propios investigadores, no mecanismos demostrados de forma definitiva: la revisión insiste en que hace falta mucha más investigación específica sobre estas conexiones.

Qué encontró la revisión sobre el tratamiento

De los 29 estudios incluidos, 15 abordaban algún tipo de tratamiento, la mayoría centrados en medicación. La revisión señala que apenas existe investigación sobre adaptaciones no farmacológicas —por ejemplo, de la terapia psicológica— pensadas específicamente para personas autistas con bulimia o trastorno por atracón, a diferencia de lo que ya ocurre, con más desarrollo, en el campo de la anorexia y el autismo. Solo un estudio recogía la perspectiva de profesionales expertos sobre esta combinación concreta, lo que da una idea de lo reciente que es este campo de investigación.

Por qué importa nombrar esta combinación

Reconocer que el autismo también puede convivir con el trastorno por atracón o la bulimia —y no solo con la anorexia o la selectividad alimentaria— tiene consecuencias prácticas. Una persona autista con episodios de atracón puede no encajar en absoluto en la imagen mental que muchos profesionales tienen de «una persona autista con problemas de alimentación», lo que puede retrasar tanto el reconocimiento del autismo como el del propio trastorno alimentario. Además, muchas estrategias de intervención pensadas para la población general no tienen en cuenta necesidades como la previsibilidad de las rutinas, la comunicación directa o el manejo de la sobrecarga sensorial, que sí se consideran cada vez más en los tratamientos de anorexia adaptados a personas autistas.

Una conclusión con mucha cautela

Como con cualquier hallazgo de investigación todavía en una fase temprana, conviene no sacar conclusiones exageradas: tener autismo no implica tener un trastorno alimentario, y tener episodios de atracón ocasionales tampoco equivale a un trastorno por atracón clínico. Lo que aporta esta revisión es, sobre todo, una llamada de atención: si una persona autista —especialmente una mujer autista, dado que son mayoría en los estudios revisados— atraviesa episodios de pérdida de control con la comida, merece la misma atención clínica cuidadosa que ya se presta, con razón, a la anorexia en el contexto del autismo. Ampliar la mirada más allá de la restricción es, simplemente, no dejar a nadie fuera del diagnóstico ni del apoyo que necesita.

Autismo

Contenido revisado y basado en fuentes científicas y clínicas contrastadas. Este artículo tiene fines informativos y no sustituye una evaluación profesional.